sábado, 26 de abril de 2014

EL JUEZ DE LA HORCA



Blue Valentine

El domingo, de camino a la redacción, paré a repostar en un garito destartalado de la 34, el Café de Lilly. El vermouth no estaba mal, pero las tapas eran infames. Al ir a pagar, cuando sacaba del bolsillo unas monedas, el maldito dinero se me escurrió entre los dedos y fue a parar, derechito, a una papelera. Así que no hubo otro remedio que meter la mano y rebuscar entre paquetes arrugados de tabaco, servilletas aceitosas, huesos de aceituna, colas de gamba, conchas de mejillón… Mientras manoseaba aquello topé con un sobrecillo amarillo sin mácula, esto es, inmaculado. Debía de ser lo único limpio que había en ese amasijo de mierda. Sin dudarlo, cogí el sobre y lo abrí. Un aroma fresco a madera de pino me arrebató la pituitaria. Era una carta de amor. ¡Maldita sea! El amor...
“Querida Josephine. Estos seis meses contigo han sido un chapoteo, una brisa, una mañana de domingo sin periódicos. Sentado en este taburete, apoyado en la barra de nuestro bar, pienso en tu trasero de albaricoque, en tu forma de mirarme desde allí abajo, a la altura de mi bragueta, y me teletransporto, como por arte de magia, hasta el escaparate de la agencia de viajes del barrio, donde vimos la foto de aquel pueblecito pesquero en el Egeo. No cambiaría eso por nada del mundo. Te lo juro... Pero las cosas, al final, vienen como vienen… Ayer, tu padre estuvo aquí, en la plaza, y esperó a que terminara la función para cogerme por las solapas y decirme unas cosas. Por cierto, nunca me contaste que fuera policía... Me dijo que lo sabía todo sobre mí. Lo del asunto con las drogas y lo demás… Lo del lamentable incidente con aquella maldita vieja en la sucursal del Santander … Joder... Al final siempre fallo a todo el mundo... Joder, perdona, yo tampoco te había contado eso... Mi primo Sebastián me dice que esa sensación de estar jodiéndolo todo es algo normal cuando se tienen diecisiete tacos, pero que luego se pasa. No sé, igual tiene razón... Le he dado muchas vueltas y lo cierto es que ya estoy hasta las pelotas, Josephine. Estoy hasta los huevos de rehabilitarme y de que eso nunca sea suficiente … Así que hoy terminaré el espectáculo con mi mejor número. Hoy haré el número del ahorcado... Lo haré pensando en ti porque te quiero, Josephine. Te quiero. Voy a tirar esta maldita nota a la papelera que hay aquí debajo de la barra. No me gustaría que leyeras esta mierda, mi amor. Te espero”.
— Perdone, señorita.
— Dígame.
— ¿Sabe quién ha escrito esto?
— Sí. El mimo de la plaza ha estado aquí hace cosa de una hora. Me ha pedido un bolígrafo y una ginebra doble. Ha escrito algo, ha pagado y se ha largado.
— ¿Y dónde podría estar ahora?
— Lleva unos días en la esquina, junto a la panadería, debajo del árbol. … Se pone ahí porque su número más famoso es el del ahorcado. Parece que estuviera colgado de una de las ramas. Puede pasarse horas sin pestañear. Incluso da la impresión de que se balancea. No sé cómo lo hace… No sé... Pero se balancea.
Estaba allí, en la esquina, como colgado del árbol, balanceándose. Algunas personas contemplaban el espectáculo. Un niño se acercó y dejó un par de monedas junto al cadalso… Llamé al periódico para pedir un fotógrafo. Lo tenía todo: la foto, la carta del infeliz... Solo faltaba localizar a la chica...Otra bonita historia de amor en San Valentín... Ya nadie gana el Pulitzer por noticias como esta.

martes, 8 de abril de 2014

EL JUEZ DE LA HORCA



ChaCha

Son las siete y estoy en Edimburgo a cargo de los tres niños de los Wilson. Llegué a bordo de un carguero de bandera noruega al puerto de Leith. Mi padre recoge y suelta las amarras en el barco que me trajo y el viaje gratis fue su regalo de despedida.

- Me voy de aquí, padre. No soporto este vacío.

- ¿Y a dónde irás, Nina?

- ¿A dónde se dirige tu barco en el próximo trayecto?

- A Leith, en la costa escocesa.

- Joder, eso está muy lejos de Vietnam.

- ¿Por qué Vietnam?

- Voy a buscar Claus. Se perdió allí y allí se quedó, vivo o muerto... No sé... voy a buscarlo.

- Claus, aunque fuera tu hermano, era un maldito cabrón.

- Tú, por muchos picos que te metas, también lo eres. ¿Puedo ir contigo o no?

- Me voy a quedar muy solo sin ti...

Aquí estoy... diecisiete años después... Encontré a Claus por el Facebook... Sigo sin saber inglés...

viernes, 4 de abril de 2014

EL JUEZ DE LA HORCA

¿Sí?

- Papá, huele a quemao.
- Soy yo.

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a Ricardo, que ha dibujado un Oráculo capaz de dar la cara durante mucho tiempo; a Dani, el que nos ha colgado, a Chano, el que se encarga de dar brillo a las cosas, y a El Selenita, el autor del retrato. Gracias tíos.